Antes que nada siento no haber escrito muy a menudo en esta última temporada que nos acontece, pero es que he tenido mil quehaceres que no me han dejado apenas tiempo para dedicarme a este artículo como el mismo requería. Y es que las cosas siguen cambiando, y cada vez a mejor segun mi parecer. Los exámenes por fin terminaron y el pleno al cinco de las asignaturas a las que me presentaba está firmado y sellado por el oficio de relaciones internacionales. 2 matrículas de honor y la asignatura convalidante por morfología histórica del español (la más difícil de mi carrera) aprobada con creces.
Pero lo más sobresaliente de este último mes ha sido un cambio radical dentro de mi vida erasmus. Un reto tan interesante a la vez que arriesgado para mi estabilidad como ha sido el cambio de casa. Y más bien es de eso de lo que quería hablar en este artículo, en cómo en estos últimos treinta días ha cambiado mucho mi perspectiva sobre el modo de vida que estaba llevando a cabo y mis deseos cada vez mayores de aprovechar aún más este contacto con lo que viene siendo la Nueva Europa. Por eso he decidido estructurar esta historia en siete pequeños apartados para explicar, paso a paso, lo duro y a la vez entretenido que ha sido lo que yo llamo La ricerca della felicità:

1.- La idea.

Todo comenzó en la tarde de un 18 de enero en los jardines de Mirafiori. Reunido con el sector de amigos de la Sapienza (tiene bemoles que me junte más con la gente de la Sapienza que con los de mi propia universidad, un dia de éstos me destierran) Álvaro comentó que estaba harto del rollo Erasmus y que había decidido marcharse a España a hacer los examenes de febrero para después emprender un pequeño tour por Europa. Álvaro es el muchacho que a principios del erasmus me dio esa puñalada con Isabel a la hora de coger la casa y dejarme en la estacada de la empresa comun que habíamos montado para vivir juntos los tres. Pero eso son tiempos pasados, todos pusimos de nuestra parte, tanto ellos para arreglar todo roto en nuestra amistad como yo para olvidar esas rencillas, pues para el poco tiempo que estamos aquí no merece la pena crearse enemigos.
Mientras escuchaba sus planes me imaginaba una situacion bastante paradójica en principio ¿Y si acabara viviendo yo en la casa de la cual me vi privado en un principio? Me encantaban tanto la casa como el barrio y la convivencia en la misma. La situación en mi casa no era la que había sido tiempo atras, y es que tras unos pequeños rifirafes en el mes de diciembre con los compañeros de mi piso ya había soltado alguna advertencia de abandonar la casa. Todo se habia quedado en simples arrebatos, bien por la falta de comunicación con los compañeros, bien por los elevados gastos a los que nos vemos sometidos aún viviendo en un piso de la periferia, similares e incluso muy superiores a los que tendríamos viviendo en pleno centro de esta maravillosa ciudad. Incomprensible. De Los Cuatro Templarios ya sólo quedaba el cartel en el buzón de la casa.
La oferta de Álvaro sembraba irresistible, pero temas como el de la fianza de la casa, demasiado alta para mi bolsillo erasmus, la hacían imposible de realizar. Sin embargo, aquella noche no hice más que dar vueltas a mi cabeza y no pude dormir bien. Aparte de los dos inconvenientes que he citado, estaba comprobando que mi contacto con gente de otros países era prácticamente nulo, y no había venido a Roma con ese fin. Quería conocer no sólo italianos, sino de todos los países, cuantos más, tanto mejor. Aquel 18 de enero fue el comienzo de mi odisea.

2.- El comunicado de la noticia.

Al día siguiente confirmé a Isa mi intención de abandonar mi casa y lanzarme a la aventura en busca de un piso Erasmus en el sentido más amplio de la palabra. A ella tampoco le iban bien las cosas en su casa. No aguantaba el ambiente que se respiraba en esas cuatro paredes, se sentía incomprendida y veía necesario un cambio de aires. No tardó mucho en apuntarse a la expedición junto con Dani y Elisa, los cuales llevaban ya una temporada sin techo seguro y deambulando de un lugar para otro por las interminables calles de la ciudad. Nos sumamos a ellos en la tortuosa labor y no tardaron en venir los miedos. Teníamos casa asegurada para los próximos meses, sabíamos lo deprimente que era buscar una habitación disponible, teníamos todas las facilidades a nuestro alcance, entonces ¿Qué era lo que fallaba? ¿Qué era lo que brotaba dentro de nosotros? Las ganas de mejorar. No estábamos mal, pero podíamos estar mejor. Otra vez la metáfora del pajaro en mano y los ciento volando. El conformismo es para los cobardes, que se joda la gente que se conforma con menos. Yo tenía problemas de piso (definitivamente mis compañeros iban por un lado y yo iba por otro, algo que parecía irreconciliable y que no estaba dispuesto a aguantar cinco meses más), de cultura (convivencia con españoles el 90% del día, nivel notable de italiano en comparación con gente que comparte casa con italoparlantes, pero podía mejorar y mucho), de barrio (vivía en un barrio de periferia deprimente, todo lleno de jubilados que no soportan un ruido diverso del que desprenden los atascos en la Via Boccea) y económicos (ya he hablado de esto, asi que redundar es estúpido). Todo eran inconvenientes a la hora de hacer recuento de pros y contras, asi que todo se ponía a mi favor cuando de retomar fuerzas y valor se trataba. No faltaron los miedos que me llevaba el decir definitivamente que me marchaba de casa sin haber encontrado alojamiento seguro con antelación, pero de los cuatro era el único que le faltaba por decirlo en casa, Isa lo había dicho el mismo día 19 y yo no podía echarme atrás. Podía, pero no quería. Así que en esa semana comenté la noticia en mi casa. Obtuve la indiferencia como contestación, tan sólo se preocuparon de decirme que buscara una persona que ocupase mi habitacion por el tema del pago del alquiler.
El paso mas dificil era el que tocaba dar, comentárselo a la casera de los horrores. El problema no hubiera sido el mismo si no hubiéramos tenido contrato en vigor, pero el comienzo del problema se remonta a aquella noche en la que fuimos asaltados por sorpresa y a traición por la policía fascista italiana a punta de pistola y avasallando la casa como si fuésemos los capos calabreses. Ahí descubrieron que no teníamos contrato de alquiler y que la mujer (llamada Santina por muy a chiste que suene) cobraba en dinero negro todo el alquiler, con la consiguiente denuncia impuesta por la fuerza y la obligación de ir a la oficina de arrendatarios a firmar un contrato por 400 euritos ni mas ni menos. Eso es un contrato millonario y no los del Madrid. Así que por ese maldito papelito estaba atado a la casa hasta julio, ya que la mujer no estaba dispuesta a pagar a medias un nuevo contrato. Los sueños de la última semana se estaban tirando uno a uno por la borda cuando recibí una llamada suya en la que me comunicó que tenía validez un papel que firmáramos nosotros en el que asegurásemos hacernos responsables del nuevo coinquilino que fuese a habitar la casa. Eso fue un chute de energía, vitalidad y nuevos sueños y proyectos en el horizonte, daba saltos de alegría con Isabel cuando colgué el teléfono. Había saltado otra piedra en el camino. En cuanto a lo de la responsabilidad... ¿Había sido yo alguna vez responsable?

3.- La busqueda del nuevo alojamiento.

Por segunda vez desde que llegue a esta ciudad me vi en la situación de tener un techo asegurado pero los días contados en el mismo. La necesidad te hace espabilar lo suyo, y es que durante una semana y media estuve levantándome prontísimo para quedar con esta gente y buscar pisos en el Porta Portese, que viene a ser el Segundamano en Italia. Nos llenaba de emoción tener la suerte de poder visitar al menos un piso al día, eso era señal de que no todo estaba ocupado. Nos moríamos de los nervios y la desesperación si un día no encontrábamos nada, por muy pequeña que fuera cabía la posibilidad de encontrarnos a finales de febrero con las maletas en la calle ¿Qué haríamos entonces?
Dentro del grupo existían dos teorias sobre la casa en la que queríamos vivir. Por una parte estaban Dani y Elisa, los cuales querían vivir en determinados barrios, todos céntricos, aunque tuvieran que pagar un pastón. Por otra parte estábamos Isa y yo, defendiendo que, mientras estuviese bien comunicado con Metro, tranvía y autobus, nos daba igual la zona, y mejor cuanto más económico. Con tales divergencias no podíamos seguir el ritmo unos de otros, y Dani fue el primero que se desmarcó diciendo que también estaba buscando por su cuenta habitaciones en solitario. No me gustó para nada ese gesto, pero era totalmente aceptable, Elisa también lo llevaba haciendo mucho tiempo y para qué engañarnos, las posibilidades de encontrar cuatro habitaciones en un piso a gusto de todos era de una entre cien. El fin de esta pequeña empresa tuvo lugar en el Trastévere, el barrio más bonito de Roma. Allí encontramos la casa más bonita que habíamos visto en nuestra larga travesia, una auténtica casa de ensueño, propiedad de un alto cargo de la cúpula de Unicef. Desde que la vimos no tuvimos deseo mayor que acabar allí viviendo el resto de nuestra estancia, pero de nuevo surgieron adversidades. Al tratarse de tres habitaciones, habia que hacer una doble. Elisa y Dani se opusieron rotundamente, aceptando pagar una cantidad mucho mayor por las habitaciones sencillas, asi que Isabel y yo aceptamos habitar la compartida. Pero el final de esta bonita historia tuvo lugar a la hora de fijar el precio que debíamos pagar cada uno por el lugar que ocupábamos en la casa. No voy a contar las maniobras que tuvimos que hacer para ajustar el precio de cada habitación porque esto se alargaría mucho, pero ante la insulsa idea por parte de Dani de pedir una rebaja en el precio del alquiler después de todas las facilidades que nos habían ofrecido los dueños de la casa, el proyecto común se fue a pique. Dani había encontrado una casa tan sólo por un mes. Elisa siguió buscando por su lado. Isabel, en un arrebato de furia e incomprensión dijo que se volvía a Madrid porque estaba harta de tanta desilusión y no sólo por el tema de la casa. Yo desistí temporalmente de la búsqueda de la casa, y es que tras varios golpes llega un momento en el que ya no puedes mas. Isa decidió definitivamente, superado el estado de éxtasis, volver a su casa, y yo estuve a punto de hacer lo mismo. Pero cuando menos lo esperaba, me dio un anuncio en el que se ofrecía una habitación sencilla en Vittorio Emanuele. Pintaba bien la oferta, así que hacia allí me encaminé.

4.- La casa en si.

Me cite con Mónica, la chica que iba a dejar la habitación a finales de febrero, a eso de las siete. El barrio era de lo más centrico, al ladito de Termini, que viene a ser la estación de Atocha en Roma. No me digáis que no es bonita la plazita:

Muchísimos erasmus criticaban el barrio porque es una zona de bastante inmigración, pero tras haber vivido desde siempre en Lavapiés, aquello parecía el Paraíso en comparación. Además, tenía el movimiento y la gente que yo requería para sentirme verdaderamente en Roma, pues no hace falta hablaros de la extrema tranquilidad que se respiraba en mi anterior barrio, demasiada para alguien como yo.
El edificio esta en la misma Piazza Vittorio Emanuele, una plaza preciosa con un pequeño bosquecillo en su interior y soportales en los alrededores. Se quejarán de la inmigracion y todo el pimpampum, pero a la hora de ir a comprar lo que sea, los negocios más económicos de toda Roma se encuentran en esta zona y alrededores.
La casa es un quinto piso. En sí la casa no es muy grande, pero mi habitacion es de las más grandes del apartamento. No tiene salón, como el 99% de las casas erasmus, y el baño es en forma de ele, bastante curioso.

5.- Se ofrece camera singola en el quinto pino. Muy bien de precio, eso si.

Solucionado el tema con la casera, faltaba un paso tan importante como los anteriores, poner a la venta la habitación en la que me encontraba. Como hasta última hora no se sabía seguro si iba a poder largarme de la casa, no lo había anunciado hasta entonces. Comencé a poner carteles por mi facultad, entregando a contactos de otras universidades bastantes anuncios para que los pusieran en los tablones de sus facultades. La gente empezaba a llamar, pero a cuentagotas. Veía que, tal como estaba la demanda de habitaciones en la época y el precio de la mía (el más barato que se haya visto en Roma), era extraño que hubiera tan pocos interesados en la habitación. Decidí pasarme de vez en cuando por la facultad y descubrí estupefacto que mis anuncios eran tapados por anuncios de otros dos chicos que vendían una habitación sencilla más cara que la mía. Bastante decepcionado los llamé por teléfono, pero lo tenían apagado. Me molestó bastante que no supieran ver que había gente con la misma necesidad que ellos por vender la habitación, y así dificultaban tanto mi labor de vender mi habitación como la de tantos erasmus de encontrar casa en una época en la que son atracados por albergues que hacen su agosto en pleno febrero. Comentando esta noticia con mi gente estaba cuando me comentó Irene la posibilidad de anunciar la habitación en Internet, ya que ella había vendido la suya en tan sólo dos días. Fue algo así como encontrar el Santo Grial.
Acababa de poner el anuncio en Internet y a la hora ya me habían llamado tres personas. En la semana en cuestión no paró de sonarme el teléfono, y si a datos nos referimos, me dieron un saldo de cinco euros, ya que tengo un plan que te da seis centimos por cada minuto de llamada telefónica recibida. Mi agenda se empezó a llenar de citas, ya que no recordaba las citas que tenía de un día para otro.

31 enero

17:00 Celeste

17:30 Marionna (¿Cabrona? No, Marionna, cachondo).
18:00 Luigi

18:30 Andrea

1 febrero

17:30 Michael

18:00 Nombre indescifrable (muchacha de Israel)
18:30 Paolo

19:00 Marco

19:30 Gianni

2 febrero

18:00 Iota (¿Idiota? Y dale con las bromitas)

18:30 Jean Pierre

19:00 Carla

19:30 Blanca

20:00 Fabio

[...]
En un principio en la casa no se querían mujeres (por muy paradójico que parezca), ya que estaba hecha una pocilga y los coinquilinos reconocían que ninguna mujer soportaría vivir con ellos en esas condiciones. Otra razón de peso es que José Carlos sabía de sobra que su novia se los cortaría si se enteraba que estaba viviendo con una mujer en su casa, y es que en temas de celos nadie gana a pareja tan singular como ésta. Pero Celeste (cuyos impresionantes ojazos hacían honor a su nombre) la primera chica que llamó y que no le importaba vivir con chicos, tenía tantas ganas de ver la habitación que estaba dispuesta incluso a llamar a España a Anabela para hablar con ella y asegurarla que no iba a pasar nada entre ella y Jose Carlos (qué más quisiera Jose Carlos tener algo con esa pedazo de italiana). Celeste supuso el fin de la veda al sexo femenino del apartamento de Battistini. A partir de ahí ya sólo se ponía pegas a que fuese trabajador el próximo coinquilino y que se fuese antes de junio o julio.
Fue una época bastante dura, ya que mis compañeros de piso se esforzaron al mínimo en el tema de la limpiza de la casa para hacerla presentable a los ojos de los demandantes. Como era yo el que me jugaba la fianza de la casa, era yo el que tenía que hacerlo todo, así que cada día daba un repaso notable a habitación, cocina, pasillos y baño. Si a eso añadimos que estábamos en época de exámenes y que tenía que pasar gran parte del día estudiando, podréis intuir el estrés que sufrió mi persona en esa época. Los interesados fueron llegando en grandes cantidades. Como la casa se encuentra ligeramente alejada de la estación de Metro, yo organizaba las quedadas en la propia estación. Debería apuntar otra curiosidad sobre Italia que me reservo para este artículo, y es que los italianos son las personas más malquedas que puedan existir. No sólo llegan tarde, además si al final no van a ir a la cita, no se molestan en llamarte. Así me dieron calabazas hasta siete italianos. Luego eran los más exquisitos, pues para todos ellos la habitación era demasiado pequeña (a ver, si en el anuncio se ofrece una cameretta "habitacioncita", no te esperes el dormitorio del Papa, maldito espagueti). La gente de otros países era más legal y menos exigente, así que el recibidor de nuestra casa se convirtió en la sala de recepción de la UE. A algunos les gustaba, a otros no, unos la querían sólo para un par de meses, otros la querían para más adelante... había uno que la necesitaba para el quince de febrero. Ahí tuve la idea de abandonar la casa a mediados de febrero y marcharme unos días a ver a Elena, una amiga de Móstoles que hacía su erasmus en Gante (Bélgica). Con la habitación disponible a partir del 15 de febrero aumentó la demanda. A dia de hoy, adjudicada ya la habitacion, sigo recibiendo entre diez y quince llamadas por dia de interesados, y es que puse el anuncio en tantas paginas de la red que ya no se donde tengo que meterme para borrarlos. Pongamos que era un 8 de febrero el día en que, por fin, se presentó el elegido.

6.- 8 de febrero; 18:00 Un muchacho llamado Tom.

Como ya he dicho, el número de candidatos iba subiendo con el paso de los días, pero cada uno tenía un contra que echaba para atrás a la gente del piso a la hora de finiquitar la tarea, y los que eran aceptables encontraban una casa más centrica a última hora y se echaban atrás de probar suerte en Battistini. Ese dia me había llamado alguien que decia llamarse Tom "Tomasso in italiano". Por su acento no parecia del pais, y asi era. A las seis menos cinco de la tarde estaba en la estación de Metro esperándome, otra prueba de que no era italiano. Estuvimos hablando en el largo camino a casa y descubrí que era de una ciudad de Bélgica cuyo nombre no consigo recordar, que llevaba aquí tan sólo cuatro das y que ya estaba desesperado por encontrar un alojamiento seguro (No aguanó como otras personas, la media para encontrar casa por aquí esta en una semana y media o dos), así que ya entrando al barrio dio el visto bueno para vivir allí. Al llegar a casa estaban esperando todos menos Ramón, que se había ido a enseñarles la ciudad a sus padres. Por parte de los templarios, el visto bueno estaba sellado: Sergio, porque quería en casa a un italiano o al menos que no fuera de España para practicar un poco el italiano; Jose Carlos, porque había superado la prueba de la cerveza, consistente en aceptar la cerveza que se le ofrecía para saber que era uno de los suyos (¿Cómo no va a aceptar una cerveza un belga?). Faltaba lo más importante, y es que el chico quisiera vivir en la casa.

- Bueno, pues ya te lo piensas y, si te gusta, mañana te pones en contacto con nosotros.

- No, si por mí me quedo ya a vivir aquí, sois vosotros los que tenéis que decidir.

Hubo dos candidatos mas en toda la tarde, una chica de Israel, la cual estaba pero que muy bien pero entraría a vivir el 1 de marzo, y otra colombiana que tambien se las traia, pero que garantizaba la presencia de un gitano brasileño con cierta asiduidad en la casa y además trabajaba, algo incompatible para la fiesta continua que prometía el piso. No había por qué pensárselo durante más tiempo, llamamos a Tom esa misma noche por si al día siguiente era demasiado tarde y cerramos el trato. Me hicieron quedar con él al día siguiente para que pagara la fianza por si encontraba otra casa que lo convenciese más, pero desde un primer momento me pareció una persona de lo más legal y así fue, la pagó sin el menor problema. Tras frecuentes contactos con gente de diversos paises empiezo a pensar seriamente que la desconfianza y la traición a última hora es cosa de los países mediterráneos y a día de hoy confío más en la palabra de la gente del norte de Europa. Fue esa mañana que pasamos juntos por la Ciudad del Vaticano donde vi un chico estupendo, cargado de ilusiones y con un trato y amabilidad bastante notables. Tanto que desde esa primera mañana somos amigos y lo he llevado con mi gente en sus primeras fiestas Erasmus. Los días posteriores estuvo llevando poco a poco cosas suyas del albergue a casa, puesto que en estos sitios la seguridad es bastante escasa y se han robado grandes cantidades de dinero, portátiles, cámaras de fotos, móviles y otras cosas de gran valor. El día 15 de febrero por fin se cumplía el plazo y venía a vivir a mi casa. Ramón y Sergio se habían ido a Venecia a los carnavales con otros tantos erasmus y José Carlos se iba a España pero a última hora perdió el avión, aplazando dos días el viaje; una chica salía despedida de una moto tras una grave colisión con un con un coche, quedaba inconsciente en la carretera y a mí se me pedían los datos personales para que prestara declaración de lo sucedido en calidad de testigo si así se requería y la gente celebraba en la calle el pase a la final de la Roma junto al Inter de Milán en la Copa Italia. Ese fin de semana fue un auténtico lío y estuvo cargado de anécdotas. Antes de marcharme de casa, Tom firmó un papel en el que afirmaba ser el nuevo inquilino de la casa en mi lugar y su aceptación de todas las consecuencias que ello conllevaba, pues yo estaba inscrito en el contrato del inmueble hasta el 31 de julio y no quería asumir ninguna responsabilidad. Desde aquí quisiera desear muchisima suerte y paciencia a Tom, pues la va a necesitar y no merece pasarlo mal en ningún momento.

7.- Deambulando por la vida.

Cargado con las maletas marché en dirección a casa de Isa. El viaje a Bélgica se había retrasado unos días y necesitaba una casa donde dormir y dejar todo el equipaje y las cosas de la mudanza, y ella se ofreció, tan servicial como siempre. La convivencia con italianos es tremenda, sobre todo si estan tan locos como Ciccio I y Ciccio II, que son los que dan vida a la casa. Lo suyo es la buena cocina y la limpieza, tareas que convierten en más que apetecible la convivencia en esa casa. Encima hacen locuras como lanzar objetos por la ventana que da al patio a ver cual llega mas lejos (Flaminio Boys ®) y guerras de agua sin previo aviso, tan sólo con lanzar de buenas a primeras un vaso de agua a la cara de alguno. También tienen un muro de firmas donde deja su huella todo aquel que haya pasado por el apartamento. En esa casa me he sentido como en mi propia casa, tanto que Isabel se ha ofrecido a irse a vivir a mi nueva casa y que yo me quedara alli, pues se me veía muy feliz. La verdad es que a Isa no le van tan bien las cosas por Villa Flaminio y ya ha tenido arrebatos de abandonar la casa un par de veces, pero a mí me sabría muy mal que mi llegada a la casa supusiera su marcha de la misma; aparte tenía un acuerdo verbal con la gente de Vittorio Emanuele y no me gustaría faltar a mi palabra.
A lo largo de la semana han venido nuevos okupas al piso y con el retorno de Álvaro íbamos a ser ocho personas, así que el viernes cogí de nuevo mis pertenencias y marché a casa de Tania, otra amiga que se ofreció a acogerme en su casa por unos días y a la que tengo también que devolverle tarde o temprano semejante favor. El piso se encuentra en Colli Albani y es más pequeño, pero la decoración es estupenda, con motivos africanos por todos sitios. Además que me ha gustado bastante venir por aquí, creo que a ella también porque la relación con sus compañeros de piso sigue siendo algo fría y distante (¡malditos italianos!) y me pregunto si es la soledad o la necesidad de comunicación un juego. Creo que este fin de semana nos ha venido bien para darnos fuerzas mutuamente para nuestros respectivos exámenes finales del lunes, aunque a fin de cuentas no hemos estudiado ni la mitad de lo que esperábamos estudiar, ya tendremos tiempo para estudiar otro día. Los hechos es que hoy he terminado mi último examen, letteratura italiana contemporanea I, y he sacado un 26 sobre 30, nota más que aceptable y que cualquiera en su sano juicio celebraría por todo lo alto. Yo, por lo pronto, estoy preparando la maleta. En seis horas parto a Bélgica, y te puedo asegurar que cuando estés leyendo esto, aunque hayas sido la primera persona en leerlo, yo ya estaré en Bruselas liándola gorda con mi colega El Charly y olvidándome por unos días de la rutina unversitaria. Expandiendo, un poquito más si cabe, mis horizontes. Se aceptan sms acordándoos de mí con cierta envidia ¡Pero no llamadas, que me dejáis sin saldo en el extranjero!

P.D: Siento haber escrito el artículo más largo que recuerdo. Podéis ponerme a parir en los comentarios. Quería dividir el artículo en capítulos, pero el hecho de ir retrocediendo por capitulos y páginas hubiese sido un feo bastante notable a este blog. Si no queríais leerlo, no haber empezado. Dicho queda.