Belgio: Un'altra maniera di vivire
Dos horas después de terminar mi ultimo articulo sobre la busqueda de la nueva casa me tuve que levantar con ojeras como sombra de ojos. Definitivamente en la vida erasmus se duerme menos que nunca, y dicen que eso envejece prematuramente; sera porque se aprovecha mas el tiempo.
Eran las cinco de la mañana y tenia que estar en el aeropuerto a las siete para despegar a las nueve. La casa de Tania pilla relativamente cerca de la parada del autobus que te lleva al aeropuerto, pero despues de lo que le paso a José Carlos (tardo una hora en hacer un trayecto de diez minutos debido al atasco, perdiendo su vuelo), veia toda prevencion escasa. No tenia ni tiempo de desayunar, me puse la ropa mas decente que encontré deambulando a oscuras por la habitacion para no despertar a Tania, me lavé los dientes y la cara y marché de alli con prisas, con todas las ganas del mundo de comenzar este maravilloso viaje que me esperaba.
A las siete llegué al aeropuerto. Efectivamente, la hora punta también me pillo a mi y la desesperacion se divisaba en el horizonte, en el punto donde acababa la cinta roja que forman los faros traseros de todos los coches cuando en un atasco nos encontramos, todo acompañado de la orquesta que forman los claxons al unisono, como si asi fueran a avanzar mas rapido. La facturacion fue bastante rapida, no hubo problemas ni tuve que pagar un importe extra pese a haber indicado en la red que no llevaba equipaje para ahorrarme los 9€ que suponia la facturacion con Ryanair. Era mi primera experiencia con la compañia preferida por la gente sin mucho dinero como yo, y a su vez la mas criticada, pero era mi primera experiencia y la verdad es que no tuve quejas de ningun tipo. El vuelo salio a su hora y...
... también llego a su hora, pero qué cambio. No me esperaba que Bélgica fuera asi. En apenas dos horas pasé del invierno mas caluroso de los ultimos doscientos años en la peninsula italica (Desde 1803 no se registraban temperaturas tan altas, nos estamos cargando el planeta!) a sentirme en la boca del lobo y experimentar un invierno largo y duro como un desamor. Habia llegado al Benelux con camisa de lino y gafas de sol modelo italiano y vi que no iba a volver a usarlas en el resto del viaje. De sol radiante a cielo gris tizon en apenas dos horas. Comenzaba mi larga y emocionante odisea en busca de Charly, perdido en algun aeropuerto del pais esperando mi llegada.
Giorno 1: Primi contatti col Belgio. Gante.
Habia quedado con Charly ese mismo dia. Yo volaba a Charleroi, pero como Madrid aun no dispone de los servicios de Ryanair, el encontro su vuelo con Virgin Express y se dirigia al aeropuerto nacional de Bruselas. De un aeropuerto de segunda categoria a uno de primera hay un salto increible, y es que Le Nationale era guardaba cierta similitud con Barajas a menor escala y el de Charleroi era mas o menos como el ambulatorio de mi barrio. Charly no controlaba pero lo que se dice NADA eso del ingles ni ningun otro idioma aparte del español y el mostoleño, asi que fuera de la zona Metrosur estaba mas perdido que Wally en el Frente Atletico. Me las tenia que apañar para encontrar a un chico a 60 kilometros de donde yo estaba en ese momento, asi que me intenté informarme preguntando al personal del aeropuerto. Parece tan impensable como el chiste del español, el aleman y el inglés, pero esta conversacion es uno de los inconvenientes de la Nueva Europa:
- Bon Jour, dove si trova un pullman a Charleroi?
- Je ne parlè italienne, Doesn't italians speak english?
- Yes, but I'm not italian, yo soy español.
- Oh, pues yo se unos poco de palabra en español solomente, tu non parlai française?
- Si, ya veo lo que controlas el español, e oui, je parlè française: Ameliè Poulain, Zinedine Zidane, oh lalà, Cognac... so, where can I take the bus to Charleroi?
- Exit, first bus stop to the right.
- Merci
- Guten tag.
Después de esa sesion de vacile informativo con ironia hispano-francesa consegui coger el autobus y marcharme a la pequeña ciudad de Charleroi. Ciudad de paso, solo tuve ocasion de ver la gran estacion, uno de los edificios principales del municipio segun tengo entendido. Alli solicite una oferta que me habia comentado Elena y que hace bastante apetecible recorrer el pais de un extremo a otro, y es un billete de diez viajes por 45€. Con bonos como este en España se incrementaria de manera notable el turismo y las ganas de conocer las ciudades del pais. Me enseñaron como se rellenaba el billete y me informaron que quedaban tres minutos para el tren que partia a Bruselas. Sin mucho tiempo que perder sali de alli velozmente y, buscando de manera apresurada el tren, llegue poco antes de cerrarse las puertas.
Yendo camino de la capital me deleitaba con cada detalle de lo que era una cultura bastante distinta a la mediterranea: Las casitas tipicas de Charly y la fabrica de chocolate con sus tejaditos a dos aguas, las vacas con aspecto de bisonte, sus prados siempre verdes, sus canales y rios a lo largo y ancho del pais. No tenia aun la camara lista y ya estaba haciendo fotos con el teléfono movil, y es que en estos dias llegué a hacer cerca de quinientas fotos, tantas que mi compañero de aventura acabo un poco cansado con tanto flash todo el dia.
Una vez en el aeropuerto tocaba esperar. Por las pantallas anunciaban que el vuelo llegaba con antelacion (antelacion en un vuelo?) y al final llego un cuarto de hora tarde. Cuando salio Charly, nos pusimos a gritar y nos abrazamos dando saltitos como estupidos concursantes de Gran Germano al entrar en la casa, provocando la exaltacion de la gente y la incomprension sobre lo que nos pasaba, si era una enfermedad o algo similar. LLevabamos un mes y medio sin vernos y parecia una eternidad. Despues de montar el espectaculo al que estamos acostumbrados, me dio unos paquetes:
- Esto me lo ha dado tu madre para ti.
Se trataba de ropa y embutidos, pero estaban empaquetados en papel de periodico y cinta aislantes. Parecian paquetes de cocaina de esos que luego se ven en las noticias con el simbolo de la policia nacional en la parte inferior derecha de la pantalla. Y las sorpresas no acababan alli, pues por nuestro lado paso ni mas ni menos que Jaime Mayor Oreja. El hecho es que el personaje me sonaba de algo, pero no acertaba a recordar si era un politico, un presidente de un equipo de futbol o el presentador de los informativos de la tele; asi que solo acertamos a saludarle efusivamente agitando las manos y gritando Eeeeh! eeeh! Holaaaa! a lo que nos respondio con un disimulado saludo acompañado de malas caras por parte de los cuatro escoltas que le acompañaban hasta que lo perdimos de vista en un coche con lunas tintadas. Tras tomarnos unas copas en la cafeteria del aeropuerto (ahi comenzo nuestra andada de las Copas de Europa, como reyes), llegamos una vez mas con la hora justa al tren con direccion a Gante. Con tanto aeropuerto y estación de tren se me metió la canción de Willy Fog en la cabeza y es que no se me ha ido durante los cinco días, he acabado cogiéndole asco.
Una hora despues, mas o menos, llegamos a la ciudad. No son muy grandes las ciudades alli, Bruselas es la ciudad más grande del país aparte de la capital y tiene tan sólo 650.000 personas. Elena vino a recogernos y fuimos a su casa, donde por fin pudimos descargar todo el equipaje y descansar, aunque por poco tiempo, ya que no había mucho tiempo y el tour debía comenzar cuanto antes. Las casas allí son completamente distintas a como son aquí. El edificio en cuestión tenía cuatro plantas contando con la baja. Eran siete apartamentos, pero a modo similar a un hostal, habitaciones personales con armario y lavabo. En la planta baja tienen la cocina común para todos los inquilinos del edificio, y más adentro se encuentran los servicios similares a los de un bar, con tres váteres y dos duchas. La casa era preciosa y la convivencia sería estupenda si no fuera porque comparte vivienda únicamente con belgas, que como la gente del norte en general son bastante legales y fieles a la hora de cualquier trato o disposición, pero son de lo más frío de lo que te puedas encontrar, 0% de emotividad, a diferencia de la gente del sur, que somos de lo más cariñoso y emotivo pero a su vez más espabilados y traicioneros a la hora de la verdad.
La anfitriona nos prometió unas bicicletas que se había encontrado por la calle, pero finalmente tenía tan solo una e hicimos el sano ejercicio de patearnos la ciudad por todo el centro, realizando el estudio comparativo al que estamos acostumbrados de calcular la calidad de vida de la ciudad visitada según el precio del Big Mac en el Mc Donalds de turno, y deleitándonos con los más de diez sabores distintos de Fanta que tienen en ese pequeño país. Definitivamente en algunos aspectos nos llevan años luz de ventaja, aunque me quedé decepcionado con algunos aspectos de su cultura, como el hecho de que no tengan idioma propio (el francés y el flamenco, que no es más que un dialecto casi idéntico al holandés) y la gastronomía del país (patatas fritas y salchichas, en serio, y lo peor es que están muy orgullosos de ello, exponiendo estos productos en los imanes de recuerdo y otros souvenirs). Como es natural en invierno, anocheció en menos que canta un gallo y tuvimos que volver a casa, comprando moscatel tipical spanish por el camino para regar con un poco de alegría la cena que Elena nos tenía preparada, pasta italiana para hacer más internacional el evento. De vuelta a la habitación no pudimos hacer mucho ruido, y eso que eran las once de la noche, pero ¿Qué se puede esperar de gente que cena a las cinco y media de la tarde? A eso de las diez se van a la cama y están a la mínima que salta para llamar a la puerta 7 y poner a parir a la pobre Elena, incomprendida con sangre sureña en sus venas. Estuvimos hablando mediante susurros hasta que nos fuimos a dormir, aunque mi voz es bastante grave y la alzaba de manera involuntaria continuamente. Había algo en el ambiente que me decía que teníamos mucho que vivir por esas tierras. Una experiencia de la que no nos íbamos a arrepentir; muy al contrario, nos hubiera pesado en el alma perdernoslo todo de haber sabido lo que era Bélgica.
PandaAntivirus dijo
Ay, madre, cuántas cosas te quedan por decubrir del pequeño país, les petits belges se escandalizarían si supieran lo que piensas...
¿Qué no tienen idiomas propios? Tienen 3: francés, alemán (sí, también es oficial) y flamenco (y como les digas que es igual que el neerlandés te colgarán). El país está dividido por la frontera lingüística, que separa Flandes de "la Wallonie". Bruselas es región bilingüe, aunque geográficamente esté en Flandes.
El resto de la lección ya te la daré otro rato... pero me temo que tiene mucho, mucho, dentro...
5 Marzo 2007 | 11:41